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Hay heridas que no cura el tiempo... || [Lance Morningstar]

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Hay heridas que no cura el tiempo... || [Lance Morningstar]

Mensaje por Game Master el Dom Dic 08, 2013 4:24 pm

Como cada año, después de la conquista de Krerion, había una épica celebración el mismo día… desde hace 50 años, ese día como cada que esa celebración se llevaba a cabo, el otro sobreviviente de la familia Goldsoul, Helios, tío de Fatina, Organizaba y se encargaba de hacer que todo fuera simplemente perfecto, ya estaba casi todo listo…

-Pasemos lista. –Diría aquel elfo mirando a la servidumbre del castillo y el montaje que se había llevado a cabo en el gran patio del castillo… tomo aquel pergamino y comenzó a pasar lista, siendo seguido por su asistente, una Elfa pelirroja.- ¿Esta lista la comida? -Pregunto, luego la chica asintió y respondió.- Si, señor.

-¿Trajeron la vajilla que ordene?

-Sí, Señor.

-¿Esta lista la escultura de hielo?

-Sí, Señor.

-¿Revisaste si pusieron las orquídeas, en la mesa principal?

-Sí, Señor.

Y así continuo la larga lista de preguntas, y respuestas afirmativas, hasta que llegaron a una pregunta que Helios, hizo después de detenerse, junto a aquella escultura de hielo mágico que tenía forma de un dragón, él, la admiro, era un trabajo bastante bien hecho… entonces miro de reojo a la jovencita y la cuestiono de nuevo.- ¿Le enviaste a la reina el vestido que encargue? -Entonces aquella pelirroja ligeramente nerviosa respondió.- S-sí, Señor… -Entonces aquel sabio mago suspiro y devolvió su mirada hacia aquella escultura.- Se escapó de nuevo… ¿No es así? –Entonces aquella Elfa, que vestía con un vestido largo de color verde asintió con timidez, cosa que al notar el mago simplemente suspiro pesadamente.- Fatina… Solo espero que estés de vuelta a tiempo… -Murmuro y seguiría revisando que no hiciera falta nada para ese tan esperado día, que lamentablemente no llenaba a todos de regocijo…


~A VARIOS KILOMETROS AL SUDESTE DE LA GRAN CUIDAD DE KRERION.~



Sin duda habían pasado ya varios años… y bien dicen que el tiempo lo cura todo, sin embargo había alguien que había resultado herida hoy hace 50 años… y el tiempo no había curado nada, no aun… en aquel lugar, donde años atrás había una pequeña aldea humana, una dorada silueta recorría un lugar donde había una cerca de madera pequeña, en un pequeño cuadro de espacio, aquella cerca resguardaba un poco un espacio donde había varias lapidas, todas grabadas, aquella silueta femenina… vestida con una armadura reluciente y dorada, con algunos adornos en azul, camino entre las tumbas, en su diestra cargaba un ramo de rosas rojas, decorado con algunas pequeñas florecitas de color blanco, aquella chica se detuvo justo frente a la tumba que estaba al final de aquel pequeño cementerio.

No portaba casco alguno, por lo que sus cabellos simplemente fueron acariciados por la brisa del lugar, el sol a pesar de estar en lo alto, los arboles alrededor de la cerca pues fungían como un parasol natural, Pero justo detrás de la chica… en la entrada del cementerio, estaba de pie aquel joven dragón, de escamas doradas simplemente estaba de pie, mirando hacia su jinete… con algo de seriedad, entonces aquella joven rubia de ojos esmeraldas, simplemente se arrodillo en el césped verde que estaba bajo ella, hizo un poco de ruido con su armadura, pero no sería algo que llamase la atención, además de que estaban solo ella y su dragón.

-Bueno… un año más sin ti, y te traje flores… espero que te gusten… -murmura mirando la lápida frente a ella al tiempo que justo debajo de esta simplemente deja el ramo con cuidado, acomodándolo, ella apoyo su codo en su rodilla diestra pues era la que tenía separada del suelo… una sonrisa suave se dibujó en su fino rostro, luego con cuidado simplemente se sentó a su lado, recargando su espalda en aquella lapida que a diferencia de las otras, era de mármol… ella miro a su dragón por unos segundos, luego cerro los ojos lentamente… y continuo hablando en voz baja.- Hay muchas cosas que quisiera contarte… pero ya sabes, tengo que volver a esa estúpida fiesta… -suspira y aunque sintió un nudo en la garganta, continuo.- No sé porque celebran… por más que se los pido, no quieren dejar de hacerlo… -Sintió como sus ojos se llenaron de lágrimas… y no pudo evitar que estas cayeran por sus mejillas, pero continuo hablando en voz baja.- Espero algún día… me perdones amor mío, por no haber podido llegar a tiempo… -Recargo su nuca en la lápida, mirando hacia el cielo tan claro… luego simplemente pudo ver como las blancas nubes se desplazaban de un lado a otro, dejándose llevar por el viento…- Sabes… te extraño mucho … -suspiro.- Aunque extrañamente… algo me dice que te espere y no se ni siquiera porque… a veces puedo jurar que escucho tu voz en el viento… - Murmura, luego pudo escuchar un suave gruñido de parte de su dragón, pero ella le ignoro, de verdad no tenía ganas de ir a ese estúpido evento, estaba molesta… por lo que nada más flexiono sus rodillas, apoyo sus codos en las mismas y después simplemente apoyo su cabeza en sus manos, para soltarse a llorar… Gilgamesh simplemente miraba a su jinete con preocupación… era un dragón joven, por lo que descuido completamente el entorno, enfocándose en su amada Elfa, a quien se acercó rodeando el pequeño cementerio, para así quedar a espaldas de ella y de la pequeña zona funeraria, se recostó y pasando su largo cuello por encima de la cerca, se inclinó para pegar su mejilla a su jinete, abarcando casi medio cuerpo de la chica, froto su mejilla contra ella intentando calmarla, luego de un par de caricias cerro los ojos y hablo con ella mentalmente.

-Creo que debemos regresar… o Helios nos regañara…

-Pero no hubo respuesta de la chica, el dragón solo podía escuchar como ella revivía un recuerdo de hace cincuenta años, donde le informaban sobre la caída y masacre que hubo en este lugar… pero sobre todo, de la supuesta muerte de Lance, aunque jamás encontraron su cuerpo.-

-Fatina… -murmuro el dragón antes de continuar con las caricias a su ama.- No es tu culpa… tú estabas del lado contrario, no había nada que pudieras hacer… -La Elfa descubrió su rostro, estiro sus piernas y dejo que sus brazos descansaran… luego ella cerro los ojos y aunque tenía el rostro prácticamente húmedo, recargo un poco su cabeza en la enorme cabeza de su dragón, cerró los ojos… y cometiendo un grave error, se descuidó, convirtiéndose a sí misma… en lo que podría ser un blanco fácil, de haber algún enemigo cerca, pero eso no le importaba mucho a aquella rubia, que prefirió seguir sumida en sus pensamientos.-

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Re: Hay heridas que no cura el tiempo... || [Lance Morningstar]

Mensaje por Invitado el Jue Dic 12, 2013 1:38 pm

El suelo crujió debajo de mis botas por horas y horas, casi días, mas bien por un tiempo interminable. Caminé bajo el sol, errático, por lo que se me hizo una infernal eternidad, cubierto solo por unas viejas y herapientas pieles de bestias que había asesinado con la misma facilidad que una persona normal aplasta un insecto. No iba a morir por mas que los rayos del sol me azoten con toda su fuerza, ya había soportado calvarios peores y me puse nuevamente de pie al poco tiempo. Muchos consideraban mis dones una bendición de los dioses (atribuyendole dichas habilidades a cuanta deidad conocida haya en todo el ancho mundo) pero yo sabía interiormente que cargaba mas bien con una maldición del mas oscuro de los avernos. Cada noche, sin importar lo húmeda o hostil que esta sea, soñaba con llamas y muerte, con gritos adominables de dolor y devastación. Era un recuerdo constante, junto a estas supuestas habilidades que me ponían a la par de semi-dioses, de lo que había perdido y lo que nuevamente podía perder si volvía a mi hogar. - Yo...debo seguir adelante...- murmuré, cual moribundo que decía sus ultimas palabras, a medida que despertaba nuevamente de otro sueño, sin dejar de caminar bajo el sol, siendo mas que un sonámbulo, un muerto salido de su tumba y nuevamente caminando entre los vivos.

Para mi fortuna, pronto las desoladas tierras por las que marchaba cual penitente se volvieron verdes campos. Solía evitar lugares así, llenos de vida, sabiendo que yo solo podía traer peste y muerte a esos paraísos. Pero tenía que superar mis temores, tenía que romper aquella maldición. No sabía exactamente cuando tiempo había pasado desde mi partida. Podría haber trancurrido apenas un par de décadas o incluso siglos, ya el tiempo me daba igual. Pasé por un par de pequeñas aldeas, apenas haciendo unas pausas para probar algún efímero bocado de pan. Si bien no llevaba apuro alguno, algo en mi interior me decía que era mejor dejar atrás aquellos tranquilos poblados y dirigirme hacia Krerion. ¿Como habrá cambiado aquella utopica metropolís en todos estos años? ¿El conflicto la habrá azotado o seguirá siendo un claro ejemplo de paz y perfección para el resto del mundo? No me animaba a hacerles preguntas a cuanto caminante me cruzara de camino hacía allí. Quería descubrirlo por mi mismo, verlo con mis propios ojos. Y verla de nuevo a ella, contemplar nuevamente su rostro si el destino me era lo suficientemente beneficioso. Fatina...Espero que sigas tan bella y llena de vida como la ultima vez que te vi. - Susurré, ya pudiendo reconocer aquellos campos en los cuales había pasado mi infancia hace tiempo, rememorando aquellos furtivos y bellos encuentros que tenía con la hermosa elfa. No quise ni por un momento pensar en si se había desposado o la habían obligado a hacer esto, hace años me hice la misma pregunta y se sintió como la mayor y fría daga jamás clavada en mi inmortal pecho. El recuerdo de aquella valiente muchacha me ayudaba a seguir adelante, junto con el deseo de poder abrazarla de vuelta.

Pero, antes de llegar hasta Krerion e ir al encuentro de mi amada, debía presentar mis respetos a la gente que había perdido en las implacables llamas de la venganza y la bestialidad. Mi pueblo, reducido a cenizas por bárbas, mis padres y mi hermanitas, asesinados a sangre fría como mero ganado. Pude haberlos defendido, pero era joven y desinteresado, mi egoísmo hizo que todos murieran. - Yo...No puedo...- dije, cayendo de rodillas al suelo e inmediatamente apretando mis ojos con ambas palmas, sabiendo que llorar no arreglaría nada. No podía ser débil, mucho menos en este momento. Si iba a volver a casa, debía hacerlo con la frente en alto y presentando mis debidos respetos, no cabizbajo, de hombros encogidos y llorando por lo bajo. Pegando un suspiró, que mas bien sono cual gruñido de bestia salvaje, nuevamente me puse de pie, para cruzar la ultima colina, aquella que daba justo a donde antes se encontraba mi pueblo.

Ni siquiera me imaginaba la clase de sorpresa con la que me iba a topar al ver a mi antiguo hogar luego de tantos años. Un dragón dorado, joven aunque de tamaño considerable, usando las tumbas de mi familia y mis antepasados como...¡¿Un nido?! Sabía cuan peligrosos eran los dragones, había luchado encarnizadamente contra uno tiempo atrás, cuando aún era un simple humano. Pero ahora no tenía miedo, solo una rabia inhumana al encontrarme con tal atrevimiento por parte de la bestia. - Maldito...Me bañaré en tu sangre...- Afirmé, viendo a la dorada criatura con una cólera infernal, a medida que descendía por aquella colina a paso decidido, desenfundando mi espada. Pero, cuando ya me disponía a abalanzarme hacía aquella criatura, fue que pude ver con claridad que alguien acompañaba a la bestia. Una elfa, de cabellos dorados y belleza incomparable. La mano con la cual blandia mi espada tembló, mientras que con la otra lentamente me quitaba aquella capucha de piel, a medida que caminaba a paso algo tembloroso hacía las tumbas. No esperaba verla de esta forma, yo era poco mas que un bárbaro salvaje y herapiento, y ella...tan bella, tan fuerte, noble e inalcanzable. Ignoré totalmente al dragón, sin miedo alguno de ser quemado por el infernal aliento de este, mi vista, todo mi ser practicamente, se concentraba en aquella hermosa elfa.-Fatina...Mi querida Irieth...Yo...- En mi infantil momento de incredulidad, dejé escapar el nombre de la chica, incapaz de creer aquel capricho del destino que nos había hecho reencontrarnos luego de tanto. Por incontable tiempo había guardado el nombre de mi amada cual joya bella y única, pero, al contemplar aquel rostro por el cual perdidamente estaba enamorado, mi lengua había soltado aquella piedra preciosa que era su segundo nombre.
Invitado

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Re: Hay heridas que no cura el tiempo... || [Lance Morningstar]

Mensaje por Game Master el Dom Ene 05, 2014 3:17 am

La brisa acariciaba su rostro, incluso jugueteaba suavemente con su fleco… Aquella Elfa prefirió sumirse en un leve sueño tras haber llorado un rato a su amado, sin embargo su compañero eterno, a pesar de tener cubiertos sus ojos por sus parpados de doradas escamas, pequeñas, pero no eran menos duras que las del resto de su cuerpo, aquel joven dragón y fiel compañero de la Elfa… no tardo en sentir la presencia del sujeto que recién se acercaba, Por lo que con cuidado abrió los ojos, mas no se movió.

Pudo escuchar como el sujeto vocifera algo, pues a pesar de la distancia, el desarrollado oído del dragón le permitió percibir cada una de sus palabras, estuvo por levantar a Fatina de un movimiento, pero las siguientes palabras del sujeto, impidieron que el mismo se moviera, delatándose a sí mismo sobre estar dormido, mientras algunas preguntas invadieron su mente… como, ¿Por qué ese sujeto sabia el segundo nombre de su compañera? Cuando ni siquiera en la corte lo sabían, Aquel dragón permaneció lo más discreto posible que pudo, pero no pudo mantener sus pensares para sí solo, pues aquella criatura a veces olvidaba que él y su jinete compartían un vínculo fuerte, por lo que Fatina en su mente pudo escuchar algunas palabras del Dragón, pero sobre todo lo que resonó en su mente fue una palabra que el viento llevo hasta sus oídos, tan suave pero a la ves clara… con una voz que le pareció muy familiar, pero al mismo tiempo, parte del sueño que tenía en ese momento “Irieth…”, entonces ese sueño se mesclo con los pensamientos del dragón, cosa que hizo que la Elfa supiera que estaban siendo observados por un extraño.

Sus ojos se abrieron de golpe, su cuerpo reacciono rápido, se levantó de un salto y sin perder tiempo dio un giro hacia su diestra, para estirar su brazo y tomar  de ahí su arco, arma de un brillante color platinado, con tallados perfectos, finos y hermosos, fue su mano libre la que  tomo rápidamente una flecha de aquel Carcaj que colgaba de la misma montura de su dragón, Volvió su cuerpo hacia donde prácticamente Gilgamesh le había indicado que se encontraba el sujeto, Aquella Elfa a pesar de su armadura no muy ligera, era algo rápida, además gracias a la práctica y buen uso de su arma, no tardo en perfectamente colocar aquella flecha en su lugar y tirar con fuerza del fino pero fuerte hilo del arco, Su mirada se fijó en aquel sujeto que estaba aún algo retirado, y tal vez no muy visible ni siquiera para la potente mirada de aquella Elfa dorada, quien al estar a punto de soltar aquel hilo… recibió un golpe en su espalda por parte de su compañero dragón, cosa que hizo que aquella flecha diera contra el suelo a un par de metros de sus pies, pues la hizo perder el equilibrio, ella graciosamente caería de lado, dejando caer su arco, luego miro furiosa a aquella dorada criatura.- ¡¿PERO COMO TE ATREVES?! – Grito molesta, a lo que la criatura respondería mentalmente tras un burlesco gruñido que pareció una risa.- “Elfa estúpida, por eso no quería que fueses arquera, tú no eres del tipo de personas que mira dos veces su objetivo.”-De un salto se puso de pie y con su diestra daría una nada dolorosa o dañina “cachetadita” al dragón en lo que sería la zona de su hocico.  Si bien le dolió un poco más a ella que a la criatura, el dragón solamente ríe mirando a la chica, luego perezosamente se puso de pie y al tiempo que la Elfa intentaba mirar a lo lejos sin mucho éxito, el dragón diría a la chica de nuevo, mentalmente.- “No creo que alguien que te llame Irieth, sea un enemigo…”-La Elfa abrió los ojos con sorpresa y giro lentamente su cabeza para poder mirar al dragón, quien de seguro sentiría como su corazón se aceleró intensamente… pues solo ella, sus fallecidos padres y el dragón, sabían aquel segundo nombre que tanto le molestaba, su mirada se volvió al horizonte donde aquel dragón había detectado aquel extraño, los nervios comenzaron a recorrerla, ¿Sería posible…? O se trataba esto de una mala treta, No, no podía ser una ilusión, no había nadie más en kilómetros, o almenos en el rango donde Gilgamesh pudiese percibir algo… pero el impulso le gano, sus piernas automáticamente comenzaron a moverse, haciéndola correr, con el corazón a mil por hora, aquella Elfa salto habilidosamente las lapidas y tumbas que se le atravesaron, al salir del pequeño cementerio, siguió su camino, al tiempo que el dragón de nuevo algo perezoso se estiro con cuidado, luego lanzo un gruñido algo fuerte para después levantarse en vuelo para seguir de cerca a su amada compañera, luego viéndola correr, el dragón nuevamente ríe para después decirle.- “¿Por qué no simplemente me pediste que te llevara?” – Al llegar a una roca que sobresalía de la tierra, aquella Elfa subió a ella de un salto, luego miro al horizonte donde pudo ver aquella silueta a lo lejos… su corazón seguía a mil por hora, su respiración delataba que los nervios la comían por dentro… Sus recuerdos rápidamente comenzaron a invadir su cabeza, pero también había algo de confusión en ella… entonces la voz de su dorado corcel, le ayudo a espabilar… cuando menos un poco –“¿Podrías tratar de mantener esos recuerdos para ti? No quiero ponerme sentimental… también”- Entonces la Elfa suspiro, sus ojos se llenaron de lágrimas… pero ahora sus piernas estaban congeladas y su mente llena de dudas… mientras su mirada estaba perdida en el horizonte por donde aquella silueta apenas se asomaba.- ¿Acaso… estoy soñando despierta?- Pregunto a su dragón, quien casi de inmediato negó, sin moverse de su lugar en espera de la reacción ajena… Mientras Gilgamesh se acercaba al sujeto por el aire, con la mera intención de confirmar a su jinete sobre sus sospechas, en cuanto a la identidad del recién llegado.

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Re: Hay heridas que no cura el tiempo... || [Lance Morningstar]

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